miércoles, 26 de agosto de 2009

Fundamento de CD sobre Napalpí


Este texto partenece al item "La Historia" del CD intercativo de la Colección Conmemoraciones-2º entrega- dedicado a "Napalpí. Memoria de la masacre".

Para más datos sobre la colección dirigirse al sitio http://www.muhoch.blogspot.com/



INTRODUCCIÓN


“Solamente nos queda nuestra memoria
y las voces de nuestros antepasados”
Orlando Sánchez
[1]


En esta segunda entrega de la Colección Conmemoraciones les acercamos material, reflexiones y orientaciones pedagógicas sobre como “traducir”, trasladar al aula este doloroso tema de nuestra historia chaqueña, por cierto poco presente en los manuales de texto, en los libros de Historia, en la historiografía tradicional y en la memoria de los chaqueños.
Si bien en el calendario escolar aparece desde el año 2007, recién a partir de este año se incluye el día de la masacre (19 de julio de 1924) con la modalidad de acto forma II, y como acto forma III la semana que lo precede. Centralmente es la conmemoración de la represión desatada por la policía del Territorio Nacional del Chaco en las cercanías de El Aguará –hoy Colonia Aborigen- contra un grupo de chaqueños trabajadores del algodón, pertenecientes a las etnias aborígenes Mocoi, Qom, Shinpi’
[2], y algunos criollos correntinos y santiagueños residentes en la zona.

¿Por qué conmemorar esta fecha?
Esta “nueva efeméride” se encuentra enmarcada en la Ley provincial Nº 5611 del año 2005, es decir, no es “nuevo” lo que se conmemora. Los hechos ocurridos en el Aguará
[3] en julio de 1924 son reconocidos más tarde como “Masacre de Napalpi”, y encontramos en cuanto a ellos -aparte de silencios- miradas opuestas.
Una – desde el oficialismo del gobierno de la época y en la historiografía tradicional- es la que niega el carácter de masacre para titular dichos hechos como sublevación o insurrección, o “el último malón”, desde la cual se justificaba la actuación policial para defender a las poblaciones cercanas. Según esta versión, las personas muertas fueron resultado del enfrentamiento inevitable para mantener “la paz” del territorio.
Las otras visiones, dan cuenta de la una cruenta represión de nuestra historia chaqueña a trabajadores del algodón, ejercida por el gobierno del Territorio a fin de defender los intereses de empresas y terratenientes de la pujante producción algodonera.
Esta conmemoración está reglamentada oficialmente en el calendario escolar por Resolución N. 054/08. También su desarrollo en la escuela y en el salón se puede fundamentar desde la Ley de Educación Nacional 26.206 en viarios de sus artículos:
Art. 11 inciso ñ) en donde se lee: “Asegurar a los pueblos indígenas el respeto a su lengua y a su identidad cultural, promoviendo la valoración de la multiculturalidad en la formación de todos/as los/as educandos/as”;
Art. 54 “El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, en acuerdo con el Consejo Federal de Educación, definirá contenidos curriculares comunes que promuevan el respeto por la multiculturalidad y el conocimiento de las culturas originarias en todas las escuelas del país, permitiendo a los/as alumnos/as valorar y comprender la diversidad cultural como atributo positivo de nuestra sociedad.”
Art. 92 inciso e- “Formarán parte de los contenidos curriculares comunes a todas las jurisdicciones: e) El conocimiento de la diversidad cultural de los pueblos indígenas y sus derechos, en concordancia con el artículo 54 de la presente ley.”

ANTECEDENTES LEGISLATIVOS NACIONALES:
Debemos destacar varios proyectos de ley que a nivel nacional debatieron y trataron la evocación de la masacre. A la fecha todavía ninguno de ellos fue aprobado por ambas cámaras del Congreso de la Nación.
En 1993 el Diputado Nacional chaqueño Claudio Ramírez Mendoza “presento un proyecto de ley en el que pretendía un perpetuo homenaje a los mártires de aquella oprobiosa jornada”
[4] en la que proponía: “se instituya el 19 de julio como Día de los Derechos de la Poblaciones Aborígenes Argentinas en todo el territorio nacional.”[5]. Este proyecto fue discutido y considerado en la Comisión de Población y Recursos Humanos y de Derechos Humanos y Garantías, en el que se aconseja su sanción.
En 1999, nuevamente, los Diputados chaqueños María Luisa Gonzáles, Juan Carlos Ayala y Emilio Carrara, elaboraron un proyecto de ley en el que se propone instituir “el 19 de julio como día de los derechos de las poblaciones aborígenes en recordatorio de la represión y matanza de indígenas el 19 de julio de 1924 en Napalpi, Provincia del Chaco”
[6]
El Diputado por Salta, Alfredo Atanasof, en el año 2004 formuló un proyecto en el que se insta a declarar “homenaje a las víctimas de la masacre indígena de Napalpí, Chaco, acaecida el 19 de julio de 1924, en el lugar hoy conocido como Colonia La Matanza, en la provincia del Chaco, y su repudio a toda forma de expropiación, discriminación y explotación de los pueblos originarios”.
[7]
La Senadora Nacional por el Chaco, Miriam Curletti propuso en el 2006 que se construyera “un monumento a la memoria de los indígenas de las etnias toba y mocoví, muertos en la localidad de Napalpí, Provincia del Chaco, el 19 de Julio de 1924, quienes se habían declarado en huelga denunciando el maltrato de los terratenientes que los explotaban en las cosechas algodoneras.”
[8] Sin dictamen a la fecha. Un año después elaboró un nuevo proyecto de ley que disponía: “Incorporase al calendario escolar de todos los establecimientos educacionales del país, la conmemoración de la masacre de Napalpí acontecida un 19 de julio de 1924 en la provincia del Chaco”.[9]
En 2006, el senador Jorge Milton Capitanich, presentó un proyecto de declaración “adhiriendo a la conmemoración del aniversario de la matanza en la Reducción Aborigen de Napalpí, a celebrarse el 19 de julio“
[10]. Esta declaración fue aprobada en Cámara de Senadores en noviembre de ese mismo año.
Actualmente está en debate en la Comisión de Educación y Cultura un nuevo proyecto de la Senadora Nacional Elena M. Corregido en el que se lee: “Institúyese el día 19 de julio como el “Día de la Masacre de Napalpí”, en conmemoración del aniversario de los hechos ocurridos en la localidad de Napalpí, Provincia del Chaco, el 19 de julio de 1924”
[11].

EFEMÉRIDE... ¿CÓMO RECORDAR?
Coincidimos con Laura Méndez en que las efemérides no se deben trabajar para el acto, “sino que son los actos escolares el reflejo, la continuación, o la culminación de lo que en el aula se trabajó sobre las efemérides.”
[12]. En esta oportunidad proponemos –de acuerdo a la normativa jurídica - realizar diversas actividades pedagógicas durante toda la semana previa al 19 de julio, en las que se desarrolle, explique, contextualice, y reflexione sobre la Masacre de Napalpí.
Otra sugerencia –siguiendo a esta autora- que creemos pertinente para esta conmemoración, es la de trabajar las efemérides desde la vinculación entre los tiempos presente-pasado-futuro y desde el conflicto: “Quizás el concepto de conflicto sea el que menos se ha profundizado con relación a las efemérides, ya que pareciera que éste es un aprendizaje que no se condice con las conmemoraciones. Sin embargo, es uno de los conceptos claves que puede aportar a la construcción de ciudadanos comprometidos, porque al negarlo se permite la percepción de una pasado estático y armónico y se deja solo al presente la posibilidad de violencia, del conflicto social y de que los hombres se equivocan….”
[13].
Podemos preguntarnos entonces: hoy, ¿cómo es la situación de los obreros rurales? ¿Cuáles son las condiciones de vida de los pueblos originarios de la provincia y de la región? ¿Cómo eran en la década de 1920? ¿Cómo es la convivencia actualmente?; a partir de estas y otras preguntas que surjan, pensar en mejorar las expectativas de tales grupos en un futuro cercano. Quizá pueda así esta evocación cobrar mayor significatividad.
Por lo expuesto, consideramos importante en esta recordación invitar a docentes de todas las áreas a que se sumen en la reflexión, proponiendo distintas miradas a la misma problemática y propiciando que a través de diversas actividades áulicas y extra-áulicas
[14] se involucren la familia y la comunidad toda. En especial -a los establecimientos escolares que pudieran concretarlo- recomendamos la convocatoria de ancianos de las comunidades qom y moqoi; ellos podrán trasmitir de manera directa sus testimonios sobre el tema.

LA HISTORIA
A continuación se expondrá una síntesis para docentes sobre la Historia de Napalpí; la intención es facilitar el acceso a estas herramientas conceptuales para trabajar la efeméride con los alumnos/as.

ANTECEDENTES. Contexto Nacional
La conocida Ley Sáenz Peña de 1912 y su aplicación a nivel nacional en 1916 hicieron posible la llegada del Partido Radical al gobierno, y dar por finalizada la etapa de gobiernos oligárquicos (conservadores en lo político y liberales en lo económico), al abrir la participación política a todos los ciudadanos (voto universal –masculino-, secreto y obligatorio). Los radicales gobernaron el país entre 1916 y 1930 bajo las presidencias de Hipólito Irigoyen y Marcelo T. de Alvear, e impulsaron importantes cambios como la democratización de la sociedad, la nacionalización del petróleo y la difusión de la reforma universitaria –entre otros-. La economía siguió basada en la producción primaria agroexportadora. Este período no estuvo exento de conflictos sociales-económicos derivados de las graves condiciones de vida de los trabajadores. Las protestas obreras, como la de la Semana Trágica (1919) y la de la Patagonia (1922), fueron duramente reprimidas con miles de trabajadores detenidos y centenares de muertos. La primera, se trató de una huelga de obreros metalúrgicos reprimida por la policía que provocó 700 muertos aproximadamente. En la segunda, se calcula que fueron fusilados 1500 los peones rurales y obreros patagónicos que estaban en huelga.
Nuestra región no estuvo ajena a esta política. Bajo la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear y el gobierno de Fernando Centeno en el entonces Territorio Nacional del Chaco, se sucedieron hechos similares, que fueron parte de un proceso sistemático del poder político y de los terratenientes -apoyados por la fuerza policial y militar- para desplazar a los habitantes originarios de sus tierras, desvalorizar su cultura e incorporarlos a la fuerza al sistema de producción capitalista.


EL COMBATE DE NAPALPI
En el último cuarto del siglo XIX se emprendieron varias campañas militares con el fin establecer la incorporación de tierras que estaban ocupadas por aborígenes al dominio del gobierno nacional.
Bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, en 1877 asume el Ministerio de Guerra de la Nación, Julio Argentino Roca quien proyectó continuar con la extensión de los límites de la frontera. Dicho proyecto se concretó con la conocida campaña “Conquista del Desierto” -llevada a cabo en la Patagonia entre 1878- 1879- que tuvo como objetivo el exterminio de los pueblos originarios y la apropiación de sus territorios, para así incorporar las tierras del “desierto” a la vida productiva nacional.
Esta política también fue diseñada para el norte; López Piacentini la denomina La segunda Conquista del Desierto: “tiene sus prolegómenos en sucesivas entradas militares desde la década de 1860 que tuvieron al Chaco por escenario, y su desenlace y culminación con la famosa Expedición de Victorica, punto en el que convergen todos los esfuerzos anteriores.”
[15] De todas ellas consideramos importante destacar lo sucedido en el Combate de Napalpí, como antecedente de hechos ocurridos en ese lugar.
La llegada de Roca al gobierno nacional, impuso el lema paz y administración. En la etapa de “pacificación” se produjo la instalación categórica del Estado nacional en la región, recurriendo a la proletarización del pobladores originarios utilizando el sistema de reducciones y misiones religiosas. En un Mensaje del Poder Ejecutivo, referido a la frontera norte, Roca dice:
“Debemos remover las fronteras con los indígenas: éstos deben caer sometidos o reducidos bajo la jurisdicción nacional, pudiendo entonces entregar seguras a la inmigración y a las explotaciones de las industrias de la civilización esas doce mil leguas que riegan el Bermejo, el Pilcomayo, el Paraná, el Paraguay y que limitan las montañas que nos separan de Bolivia”
[16]
En este contexto, el Ministro de guerra Benjamín Victorica enconmendó una expedición al interior del Chaco a su Gobernador, Cnel. Francisco Bosch, y al jefe de Frontera Norte, Cnel. Manuel Obligado, quienes debían partir desde Resistencia y desde Reconquista respectivamente, con el objetivo de introducirse hasta el centro del territorio, habitado y dominado por los indígenas.
El 20 de abril se desata el primer enfrentamiento entre estas fuerzas y las indígenas. El 5 de mayo de 1883, se produce el enfrentamiento entre los aborígenes liderados por el Cacique Huaneraxai (Juanelari)
[17], conocido como El Cacique Inglés y el Coronel Bosch y su ejército; se desarrolla una lucha frontal en el monte de Napalpí en donde “efectuáronse cerradas descargas con los fusiles [...] el fuego cerrado de los soldados es insostenible y provoca la fuga de los naturales”.[18] Los mismos se refugian en el monte, cubriendo su retirada con la irrupción de ganado, que impidió a los militares su persecución.
Las diversas campañas de “conquista” posibilitaron ampliar la posesión de las tierras. Por Ley nacional N° 1.532 de 1884, llamada de Organización de los Territorios Nacionales. El Gran Chaco quedó dividido en dos gobernaciones: la de Formosa y la del Chaco (ver mapas de formación del Territorio en Materiales de consulta).

La Reducción de napalpi
Las reducciones fueron una forma de disciplinamiento de los indígenas en la que los españoles -y luego los criollos- agrupaban a habitantes nativos del lugar en un espacio geográfico para poder así evangelizarlos y promover el trabajo en la producción agrícola y manufacturera, entre otras funciones. En muchas ocasiones- y Napalpí no es la excepción- las agrupaciones se organizaban sin tener en cuenta la procedencia de sus integrantes, que podían pertenecer a diferentes grupos lingüísticos y étnicos. Para llevar a cabo este sistema se contó con la colaboración de los misioneros, administradores y muchas veces se utilizó la participación de los caciques.
Hubo varios proyectos públicos y privados sobre planes de colonización indígena en la región que fracasaron. Se destaca la propuesta de 1907 de la Sociedad Protectora de Indios promovidas entre otros por Enrique Lynch Arribálzaga. La fundación de una reducción indígena en el Territorio del Chaco se concreta en 1911. “La misma quedaba en la esfera del ministerio de agricultura, que debía señalar las tierras a copar, proporcionar semillas, herramientas agrícolas y animales de labro. La Reducción debía contar además con escuelas para la enseñanza elemental, agrícola e industrial de los niños y un lugar apropiado para la explotación forestal reproductiva. Se nombró delegado del ministerio de agricultura a Lynch Arribálzaga, quien debía ocuparse de la organización de la reducción. La colonia sería administrada por Eufemio Galván Brusqué, secundado por dos capataces…”
[19]
Posteriormente, en julio de 1912 se decretó que se traspasara del Ministerio de Agricultura a “la Dirección General de Territorios Nacionales el trato con los indios, la superintendencia de las misiones y reducciones establecidas y que se establezcan entre aquellos […].
[20].
En esta Reducción “Las primeras familias que se instalaron eran de distintas etnias, habían llegado los Pílagá, Abipón, Charrúa, Toba, y por último los Movoviés…”
[21]. Comunidades indígenas que presentan diferencias culturales notables.
La actividad a la que se dedicaban era la explotación forestal. “La mayoría de los indios de Napalpí son hacheros y de dedican principalmente a hacer rollizos y postes de quebracho colorado”
[22]. Según datos de un censo de 1913 había en la reducción 344 Tobas, 312 Moqoi, y 38 Vilelas. En un mensaje del Presidente Roque Sáenz Peña del año 1913 comenta que “La reducción cuenta con 500 indios que trabajan en ella” y agrega que “el último censo realizado en los territorios nacionales ha revelado los progresos y adelantos de los indígenas”. Con respecto a las tierras, expresa que: "...se ha decretado la reserva de superficies susceptibles de explotación agrícola (...) la que unida a las motivadas por necesidades de usos fiscales (...) reducciones indígenas (...) abarcan una superficie total de 1.935.435 hectáreas, 16 áreas y 76 centiáreas ...".[23].
Para el año 1915 ya habitan en Napalpí unos 1.300 aborígenes, en la que, según señala el Presidente de la Nación Victorino De La Plaza, es una continua acción a favor de ellos.
Dice:
“…trabajan y van siendo civilizados, con resultados financieros halagadores, y puesto que ésta se autofinancia, probablemente se funde una reducción similar en dicho año”.
[24]

Y en otro mensaje dado en 1916 afirma que
“por medio del avance de los fortines, se han ido entregando a las autoridades civiles extensas zonas, en donde se asientan poblaciones. Además de la acción militar, manifiesta que “el gobierno ha fundado dos reducciones civiles, la de Napalpí, en 1913 en el Chaco, integrada por 1.600 indios que trabajan y estudian, y la de Bartolomé de las Casas, en 1915 en Formosa”. Los resultados satisfactorios, asegura, “permiten afirmar que el sistema, que se ha utilizado también en el extranjero, hace posible la incorporación de los indios a la civilización. (...) en ambas reducciones hay cerca de 2.500 indios mansos, trabajadores, cuyos hijos van a la escuela sin que haya sido menester la presencia, en ningún momento, no ya de tropas, pero ni siquiera de un solo gendarme de policía".
[25]
Estas positivas apreciaciones de las autoridades nacionales con respecto a la reducción indígena de Napalpí van a desvanecerse, ya que comenzaron a presentarse problemas económicos que repercutieron en la reducción desde 1914, debido a la disminución internacional del precio del quebracho, y a la desleal competencia con respecto a los demás obrajeros. También en materia de salud, el brote en 1915 de una epidemia de paludismo afectó mucho a la reducción. Esto -entre otros motivos- lleva al Administrador Galván Brusque a renunciar. En su reemplazo fue designado Leopoldo Brignole.
Hacia 1919 la situación de la reducción era paupérrima, “….hacíamos mención a la tristísima situación de hambre en que se hallaban los contadísimos indios que aún acampan en la Reducción Civil Napalpí e informábamos de la venida a Quitilipi de una comisión de indios para quejarse ante las autoridades, del hambre que sufrían…”
[26]. Esta situación perduró y contribuyó a que, años después, se desatara la protesta.
Por otra parte, comienza “una política dirigida a que los indígenas se familiarizaran con la agricultura: la reducción Napalpí dejó de comprar leña a sus habitantes, la principal actividad productiva fomentada hasta ese momento, y comenzó a comprar sólo algodón; al mismo tiempo se distribuyeron semillas de algodón entre los indígenas de la Reducción. Se trataba de crear trabajadores aptos para la cosecha y carpida del algodón”.
[27]

El TIEMPO DEL ORO BLANCO: la producción del algodón en el Chaco
El algodón es una especie vegetal de la familia de las malváceas de la que se extrae fibra textil.
El Chaco tiene una superficie llana. Su región del este es húmeda, con períodos anuales de lluvia. Estas características facilitaron que el cultivo del algodón prosperara en la zona y pusieran a la provincia (Territorio Nacional hasta la década del ’50) como dueña de la Capital del Oro Blanco.
Las primeras plantaciones de algodón en el Chaco fueron realizadas alrededor del año 1585 en la población de Concepción del Bermejo. En 1900 se extendieron un poco más las áreas sembradas pero en manos de colonos sin experiencia en la agricultura. Al respecto, una carta del entonces gobernador Martín Goitía (1905-1908) al Ministro de Agricultura de la Nación, mencionaba que en el Chaco existían grandes extensiones de tierras y montes sin explotar, y sugiere que se loteen para la creación de dos centros de producción: uno agrícola y otro ganadero.
A partir de 1920 el cultivo recién logra popularidad con un gran incremento de las superficies y un desarrollo económico y poblacional.
En 1924 la trascendencia del algodón chaqueño alcanza el nivel nacional al publicarse un artículo sobre el fenómeno en la Gaceta Algodonera Argentina, de Capital Federal. En la misma se menciona “la pasión” en Chaco por el algodón y la radicación de desmotadoras en las zonas de cultivo. Esto fue producto de la intensa propaganda efectuada por el Ministerio de Agricultura de la Nación entre 1923 y 1925 para potenciar el cultivo textil. Entre 1924 y 1925, la producción del algodón en el Chaco casi duplica su extensión sembrada en comparación al ciclo anterior.
Esta expansión se debió a varios factores, Derewiski y Pepe, mencionan los siguientes:
“Dos hechos fueron los que estimularon el cultivo del algodón en el Chaco y la Región. Uno, la Primera Guerra Mundial, circunstancia que motivó la elevación de los precios. Otro, la extensión de los ferrocarriles hacia el interior, acompañada por una ley fundamental como fue la de Fomento de los Territorios Nacionales. Esto posibilitó la formación de distintas colonias, surgiendo en territorio chaqueño una larga serie de poblaciones a la vera de la línea férrea” (Derewisky y Pepe. 1998: 99)
Como referencia mundial de la cotización de este producto, puede considerarse que en Nueva York en 1911 el precio de la fibra de algodón era de $0,15 pesos oro la libra (1 libra=453gr); mientras que en 1926 la cifra se duplicó y hasta triplicó, subiendo entre $0,35 y $0,50 oro.
Si bien se dio un crecimiento a partir de la producción del algodón, el mismo se efectuó sobre la expropiación de tierras a sus poseedores originarios (indígenas) por medio de un sistema de marginación que acrecentaban el desplazamiento del mocoví, qom y wichí, mientras que las leyes sancionadas en la época daban tierras a los colonos inmigrantes.
Entre 1923 y 1929 ingresaron a la Gobernación del Territorio propiciado por el Estado, 2612 polacos, 2455 italianos, 1398 yugoeslavos, 1166 búlgaros, 901 españoles, 871 alemanes, 744 checoeslovacos, además de rumanos, lituanos y ucranianos (Miranda,G. 1955:244). La política Estatal favoreció la asignación de tierras a estos nuevos pobladores, fomentando su asentamiento en Sáenz Peña (3.814), Villa Ángela (2.003), Charata (1.850), Las Breñas (821), Aviá Terai (281), Quitilipi, General Pinedo, Campo Largo, Machagay, entre otros. La tensión por la ocupación y apropiación de la tierra se acrecentó.
En 1917, las tierras se cotizaban en cercanías de Makallé a 145 pesos moneda nacional ($m/n) la hectárea, mientras que en 1923 la cifra aumentó a $m/n 300 la hectárea. Para entonces, el algodón ya se había convertido en un gran suceso colectivo, con un papel protagónico por parte de la clase productora afincada en la planicie semiárida del departamento Napalpí. (Ver mapa del territorio en materiales de consulta).

¿CÓMO ERA EL TRABAJO DE LOS OBREROS DEL ALGODÓN?
Tanto la siembra como la cosecha del algodón demandaban mucha mano de obra. El ciclo del trabajo se iniciaba en julio y agosto, con el arado y rastrillado de la tierra, y continuaba con la siembra desde septiembre hasta noviembre, en líneas paralelas y uniformes, a razón de 10 kg de semilla por hectárea. Durante diciembre y enero, con las plantas ya crecidas, seguía el carpido para quitar los yuyos dañinos y, finalmente, se cosechaba entre febrero y junio.
Las exigencias para el obrero fueron máximas, tanto por las excesivas horas de trabajo solo “a fuerza de hombre” -sin máquinas- como por las altas temperaturas en el verano, las agresiones de insectos y animales propios de la región, y sobre todo, por el reducido pago ofrecido por los contratistas. El sistema de trabajo se basó en la explotación, y el aborigen, por ser además sometido a costumbres y modos ajenos a su cultura, fue el más perjudicado. Un sistema similar se implementaba en las otras industrias en la zona, tanto en la explotación forestal o de la caña de azúcar. Estas condiciones generaron continuos conflictos sociales en el territorio.
El algodón debía cosecharse una vez que el sol estuviera alto, así la humedad se evaporaba gracias al calor. El cosechero se ataba a la cintura una bolsa pequeña de arpillera y cargaba capullos sin cápsula, para no desmejorar la fibra, cosechando dos líneas en simultáneo (Ver en Materiales de consulta, galería de imágenes). A medida que la bolsa se llenaba, la descargaba en una mayor que dejaba al final de las líneas del sembrado, que al final de cada día, acarreaba, pesaba y llevaba al proceso de secado (tendal). Lo cosechado se extendía en el tendal, hecho con chapas de zinc o madera, durante uno o dos días para su secado. Luego, enfardado en paquetes a presión. Cada “paca” era un prisma de 0,51x0,60x1,38 mts., que envolvía al algodón prensado en arpillera atada con alambre y cada fardo pesaba entre 200 y 230 kg.
El cosechador recibía como pago del jornal de 12 a 14 horas de trabajo, $ m/n 0,66.
En 1923/24 un colono común cobraba $m/n 250 por tonelada, mientras que un aborigen “protegido” dentro de la Reducción podía vender la tonelada a $m/n 240 menos el 15% de impuesto y los $m/n10 por tonelada en concepto de flete; es decir que en neto recibía $m/n194. Lo que le quedaba para vivir eran escasos centavos que, por lo general, eran destinados al pago de las cuentas adquiridas durante las épocas de carpida y siembra.
Como se señaló, estas relaciones laborales conformaron un clima de tensión que generó huelgas de obreros rurales en el territorio. Una de ellas y quizá la que fue reprimida con mayor violencia fue la de Napalpí, en 1924.

LA PROTESTA INDÍGENA Y LA INVENCIÓN DE LA AMENAZA DEL MALON
[28]
La protesta indígena en los campos algodoneros del centro chaqueño -tal vez la segunda considerando la ocurrida en los obrajes chaqueños en 1865-, comenzó meses antes de aquel trágico mes de julio de 1924 (Ver en este CD: Materiales de consulta – Bibliografía- Textos de consultas- Otras Masacres)
Los pedidos de las comunidades indígenas giraban en torno de mejores condiciones de trabajo, pago en moneda y no en “vales”, y la defensa de sus tierras, permanentemente invadidas por "el blanco". La complicidad de las autoridades políticas del Territorio Nacional, había facilitado la expansión de las formas de producción capitalista en el campo chaqueño, creando las condiciones necesarias para que en un determinado y reducido espacio, los productores tuvieran la mano de obra indígena “asalariada”, necesaria para levantar la cosecha.
El movimiento de fuerza se extendió rápidamente a los campos vecinos, ya que el malestar indígena venía creciendo desde fines del siglo XIX, debido al constante atropello por parte de los dueños de las plantaciones. Como en otras provincias el trabajo era mejor remunerado, los trabajadores indígenas tuvieron la intención de emigrar a ellas, donde encontrarían mejores condiciones. Un ejemplo lo constituyó Tucumán, donde la zafra azucarera reunió todos los años a decenas de miles de peones. Pero la ambición capitalista en el Territorio, fue más fuerte que la presión ejercida por las distintas etnias, a tal punto que el Gobernador Fernando Centeno ordenó en 1924, la prohibición de salida de indígenas hacia otras provincias. La mano de obra barata quedó de esta manera como rehén del capital.
Pedro Maidana, al frente de una delegación de caciques, intentó dialogar con las autoridades Territoriales para plantear el malestar de los pueblos originarios, mas fueron detenidos y obligados a regresar a la altura de Quitilipi. Comenzó entonces una fuerte campaña para reclutar indígenas dispuestos a partir hacia Tucumán y Salta. A partir de ese momento se desarrolló una medida pacífica: bajar los brazos, dejar el trabajo y reunirse a deliberar. Napalpí era “la capital” de la resistencia indígena. Los obrajeros correntinos y cosecheros santiagueños se unieron a la medida (algunos de ellos serían asesinados más tarde en la Masacre del mes de julio). Paralelamente, se sucedieron una serie de asaltos a chacras de la zona por parte de algunos indígenas que habían escapado al control de la organización tribal y operaban por su cuenta.
El pánico comenzó a cundir entre los colonos ante la inminencia de la cosecha y la carencia de mano de obra. Los gerentes de las empresas tanineras, los grandes terratenientes y los "reclutadores" de mano de obra agigantaron el panorama, creando la imagen del "malón fantasma" que se estaba preparando para atacar Resistencia.
"El peligro indígena del Chaco", " la barbarie se aproxima a Resistencia", fueron las consignas que se apoderaron del conciente colectivo blanco y, decididamente, el Gobernador Centeno preparó la artillería para "escarmentar" a los que daban "el mal ejemplo ".
El 12 de julio fracasó la última reunión con los caciques, al ser rechazada la mayoría de las demandas aborígenes por el delegado del Ministerio del Interior. Ciento ochenta efectivos de la Policía de Territorios prepararon sus armas para "el combate" final. Era el día 18 de julio de 1924, un día antes de la masacre.


19 DE JULIO DE 1924. LA MASACRE
El 19 de Julio de 1924, se produjo la acción represiva a cargo de la policía del Territorio. Los responsables de su organización fueron el Gobernador Fernando Centeno
[29], el comisario de Resistencia Sáenz Loza y quien en la ocasión actuaba como su lugarteniente, el comisario de Quitilipi José B. Machado. (Ver fotografía de los dos primeros en Materiales de Consulta- Galería de imágenes). La propia gobernación, mediante una nota al Presidente del “Aero Club Chaco” Dr. Agustín Cabal (h), solicita la cooperación de su entidad facilitando uno de los aviones que posee. En la misma explicita la tarea encomendada:
“que iría tripulado por el experto piloto Sargento Esquivel, con el fin de practicar una exploración detenida de los parajes en los que indígenas se hallan reconcentrados, y poder informar a este Gobierno con exactitud cantidad de los mismos y elementos de que disponen, datos estos, de indiscutible importancia para poder tomar las medidas necesarias que el momento y circunstancias requieran”- Fechado el 17 de julio de 1924.
[30].
Encontramos tres versiones sobre lo sucedido ese día. Lo difundido oficialmente en ese momento y que se registra en el diario de la época: La voz del Chaco. Los artículos publicados dan cuenta de, por un lado, la necesidad de reprimir el posible “malón contra las poblaciones cercanas”; por otro, de una acción para contener un enfrentamiento entre mocovíes y tobas.
Transcribimos a continuación el titulo de La Voz del Chaco el 21 julio de 1924 en la que se lee un discurso oficial sobre lo acaecido.
“La tranquilidad ha renacido en la zona del levantamiento indígena. En el campamento de Aguará libróse un reñido combate entre indios mocovíes y tobas. La indiada se ha dispersado completamente después de dejar sobre el terreno unos cincuenta muertos”
[31]
Como se lee, se reconoce aquí la muerte de cincuenta personas (Ver estos artículos en Material del Consulta – diarios de la época). Sin embargo sólo se labraron actas de defunción de cuatro indígenas muertos, entre ellos el cacique Maidana. Las mismas fueron realizadas por el Juez de Paz de Quitilipi el 2 de agosto de 1924. Lo sucedido en Napalpí generó –ya en la época- una investigación judicial en la que no se determinaron culpables. “El expediente N.910 de instrucción sumaria, caratulado Sublevación indígena en la Reducción Napalpi, consta de 168 hojas, fue tramitado en el juzgado del doctor Justo P. Farías, quien sobreseyó a todos los jefes del operativo de represión”.
[32]
La tercera versión, es la que indica que se trató de una represión inconmesurable, que buscaba concretar un hecho ejemplificador para terminar con la protesta de los trabajadores del algodón, en su mayoría indígenas, en este caso. Los acontecimientos comenzaron ya “...el 16 de julio, cuando sale de Resistencia hacia Machagay el comisario Sáenz Loza, con cuarenta policías nacionales para reforzar la concentración de las fuerzas que aguardan la orden para actuar. Sáenz Loza es ya en esa época un personaje conocido por su brutalidad”
[33].
El primer registro que se encuentra de esta historia, aparece publicado en la edición extraordinaria del Heraldo del Norte de junio de 1925, en contraste con lo publicado un año antes por La voz del Chaco.
[34]
Describe en 60 páginas, de la siguiente forma los ocurrido en Napalpi la mañana del 19 de julio:
“Cuando la policía se vio segura avanzó en jauría hacia los toldos y aquello fue espantosa escena que repugna narrar. Indio que se hallase con vida, sin respetar sexo ni edad, era ultimado, acribillándosele a balazos o a machetazos.” Heraldo del Norte. Edición Extraordinaria. Año IX, N. 652, 27/06/1925. Napalpi. III.
[35]
También el iniciador de la reducción Lynch Arribálzaga denuncia estos hechos en una carta escrita 40 días después dirigida al Diputado Nacional Francisco Pérez Leirós, y que da lugar a la creación de una Comisión Investigadora Nacional. Luego de recorrer el territorio, “la persona autorizada, que ha hecho una prolija investigación sobre la pretendida sublevación indígena remitida al señor diputado Pérez Leirós”
[36], corrobora las denuncias realizadas. Extraemos como descripción contundente de la masacre los siguientes puntos del informe redactado por esa persona:
“Yo me encuentro en el teatro de los sucesos y parece que es mucho mas grave el caso de lo que yo me imaginaba”
“…la policía, en número que no debe de haber bajado de 70 hombres, a las 8 de la mañana sitiaron a la toldería que se decía amotinada y dicen que tiraron 4.000 tiros, ultimando a los heridos a balazos y degollando a todos sin excepción, habiendo llegado hasta cortarle los testículos a uno y a otros las orejas, la que pusieron en exhibición en la comisaría de Quitilipi. Parece que no escapó ninguno y el número de muertos, entre los cuales hay mujeres y niños, no puedo darlo todavía, pero no debe bajar de cincuenta”.

Esta historia se confirma además desde la recopilación de los testimonios de los sobrevivientes, que contaron a sus familiares lo vivido, a pesar del miedo que se buscó instalar con la persecución de los meses posteriores, tal como lo señalan tanto Lynch Arribálzaga y el Heraldo del Norte:
"La matanza de indígenas por la Policía del Chaco continúa en Napalpí y sus alrededores. Parece que los criminales se hubieran propuesto eliminar a todos los que se hallaron presente en la carnicería del 19 de julio, para que no puedan servir de testigos si viene la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados"(Lynch Arriáalzaga, Carta a Diputado Pérez Leirós, Agosto 1924)
[37].
“La caza del indio continuó por parte de la policía. Había que exterminar….Durante un mes –nos dice uno de los conocedores de la tragedia- se persiguió a los indos que pudieran escapar con vida, a los que se les mataba en donde se les encontraba y hasta para no dejar rastro, se les quemaba” - Heraldo del Norte. Edición Extraordinaria. Año IX, N. 652, 27/06/1925. Napalpi IV.p.51.
[38]

El testimonio de los sobrevivientes que lograron escapar, cuenta lo sucedido ese día de la siguiente manera
[39].
“Un día antes (de la masacre) un avión sobrevoló la reducción porque todos decían que iba a haber una guerra contra los aborígenes. Salió de acá, de Resistencia, y cuando los aborígenes lo vieron le saludaban contentos. El avión fue a ver donde estaban ubicadas las tolderías y si ellos estaban preparados para la guerra, pero ellos no tenían armas, sí algunas escopetas y un Winchester. Por eso las tropas de línea no recibieron ningún daño. Mi hermano contaba que uno solo fue herido pero no era de gravedad, sólo un raspón acá, en los dedos.”(Ambrosia Mamani)
[40]
“Todo fue un arreglo del gobernador y del jefe de la Policía del Territorio, cuando se pusieron firmes para la destrucción del indio. Ciento cinco soldados fueron apostados a 500 metros de las tolderías. Vino un avión que les echo caramelos y masitas para que se junten, y para mirar si tenían trinchera. La primera descarga tiraron arriba y la siguiente haciendo blanco. Fue en pocos minutos que la toldería quedo en silencio con humareda…” (Gonzalo Nicanor Leiva, narra lo que le contó su madre -sobreviviente Qom-)
[41]
Según expresan los relatos ya registrados por varios investigadores del tema, el avión se apareció en el lugar y “...al oír el ruido del motor de la máquina, los indígenas salieron al descampado sin saber que la policía los acechaba, cuando de pronto se produjeron cerradas descargas. Se asegura que se dispararon 5.000 cartuchos. Tras las descargas los ‘adictos’ a Centeno avanzaron sobre los toldos y dieron muerte a balazos y machetazos a los que habían quedado con vida, y luego prendieron fuego a las pobres ‘huestes’ (López Piacentini)
[42] ;
“...130 hombres descargan con sus fusiles Máuser y Winchester, más de 5.000 cartuchos en menos de dos horas, sin tener una sola baja. Sáenz Loza ordena que degüellen a los muertos y heridos. Como trofeo de guerra les arrancan las orejas y los testículos y cortan y mutilan los pechos de las mujeres” (Romero, F).
"El ataque terminó en una matanza, en la más horrenda masacre que recuerda la historia de las culturas indígenas en el presente siglo. Los atacantes sólo cesaron de disparar cuando advirtieron que en los toldos no quedaba un indio que no estuviera muerto o herido. Los heridos fueron degollados, algunos colgados. Entre hombres, mujeres y niños fueron muertos alrededor de doscientos aborígenes y algunos campesinos blancos que también se habían plegado al movimiento huelguista" (Mendoza, M)
[43].
Muchos trataron de escapar, corriendo hacia el monte y continuando sin detenerse por dos días consecutivos (Ver testimonio de Melitona Enrique en este CD- audiovisual). Los testimonios son desgarradores; la represión fue en especial cruenta con la familia del Cacique Maidana.
“Dice Ambrosia Mamani: ... les mataron a todos, pero la señora de uno de los Maidana, esa se escapó con un hijo, y se fueron para el lado de nuestra casa. Mi mamá contaba, porque ellos escucharon el tiro cuando les mataron a la señora con el hijo. (...) Mi hermano contaba que le colgaban en un gancho, las orejas y todas esas cosas... le jugaban a todos. Más eso que eran más peligrosos, los Maidana que les decían, a ese le jugaron más. Le caparon, le cortaron la oreja, la nariz y le colgaban en un gancho. Eso trajeron a Resistencia, las partes que le cortaron. Así contaba mi hermano.”
[44]
Muchos de los cadáveres fueron quemados junto con tolderías, otros quedaron expuestos por días y fueron garrapiñados por los buitres, otros relatos hablan de los enterramientos.
“al otro día sale la policía a juntar persona para sepultar los muertos, Tenían 38 personas que trabajaban en la toldería. Había dos pozos de agua y allí fueron sepultados 75 en un pozo y en el otro 70 más. 90 días anduvo la comisión con ese trabajo de matar a los que encontraban en el monte.” Recuerdo de la madre de Gonzalo Leiva.
[45]
“mi papá ayudó a enterrar a los muertos. El contaba que hacían zanjas, tiraban a los muertos y los quemaban. Cuando terminaba con ese grupo, traían a otro.” Relato de Lino Fernández
[46]
Estos relatos se confirman ya en el Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación del 11 de septiembre de 1924, ya citado. En el informe de la Comisión, se señala que “...un detalle de este crimen en grande escala, es el siguiente: los muertos que enterró la policía estaban degollados” (ver en este CD- Materiales de consulta- Diarios de la época- Diario de Sesiones)


En enero de 2008, el Estado provincial, en la voz del Gobernador, reconoció públicamente la Masacre de Napalpí y pidió perdón a los pueblos originarios.

¿Por qué pedir perdón?
Porque hoy sabemos y reconocemos que “...La explotación de la mano de obra indígena, la discriminación racial, la violencia contra los tobas y otras comunidades indígenas, el continuo apoderamiento ilegal de las tierras por parte de los “blancos”, fueron elementos convergentes que se sumaron a la situación de disgregación social, cultural y de miseria y hacinamiento en que vivían los indígenas en la hoy llamada Colonia Aborigen Chaco[…], dando lugar al levantamiento político-religioso que, mediante la resistencia pasiva, buscó oponerse a la señalada situación de sometimiento y destrucción física y cultural impuesta por los “nuevos dueños” de la región”
[47].
Este fundamento fue planteado en el primer proyecto de ley en 1993 y fue repetido en todos los siguientes. La masacre cometida en el Territorio Nacional del Chaco fue un ejemplo de cómo la sujeción indígena en aquellos años fue indispensable para que los terratenientes y dueños de las acopiadoras, lograran acumular capital mediante la utilización de mano de obra barata en el trabajo agrario, al igual que sucedió en otras partes de la nación.

¿Por qué enseñar y aprender esto en la escuela?
Señala Juan Chico
[48], “con estos actos atroces estamos tentados a calificar de inhumanos a estos individuos quienes precisamente muchas veces nos negaron nuestra propia condición de seres humanos y nos calificaron de salvajes e hijos del demonio. Sin embargo no queremos caer en lo mismo que ellos. Sostenemos que sí fueron y son seres humanos, aunque sus actos sean incomprensibles”.
De la misma manera, decimos que esta es NUESTRA HISTORIA, la de la sociedad chaqueña. Historia de un pasado doloroso, memorias de hechos de horror cometidos por hombres hacia otros hombres, hacia mujeres, niños, ancianos.
Se trata de hechos justificados por la sociedad de la época, que en la sociedad actual tenemos el compromiso de develar para nunca más permitir que vuelvan a suceder.
Se trata de enseñar y aprender que ningún gobernante tiene legitimidad para dar la orden de asesinar a ningún poblador del territorio que gobierna.

Se trata de enseñar y aprender a estar atentos como pueblo, como sociedad, a que no existe nada que justifique la implantación del terror entre nosotros.

BIBLIOGRAFIA
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ALTAMIRANO, Marcos y Otros. Historia del Chaco. Dione Editora. Resistencia. 1986
ALTARMIRANO y Otros. Efemérides Nacionales y de la Provincia del Chaco. Editorial Yatay. 1988
BECK, Hugo. Relaciones entre Blancos e Indios en los Territorios Nacionales de Chaco y Formosa. 1885-1950. Cuadernos de Geohistoria Regional N. 29. I.G.H.I.. Resistencia, Chaco. 1994
Carrera, Iñigo Nicolás: La colonización del Chaco. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1983.
CARRERA, Nicolás Iñigo. Indígenas y fronteras. Campañas militares y clase obrera. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1988
CARRERA, Nicolás Iñigo. La violencia como potencia económica: chaco 1870-1940. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1984
Derewicki, J y Pepe, N: Su majestad el algodón. Meana&Meana Impresores. Resistencia, 1998.
ECHARRI, F. Napalpi, la verdad histórica. Edición de autor. Chaco, 2001.
LOPEZ PIACENTINI, C: Historia de la provincia del Chaco. Tomo II. Geminis edictorial. BsAs, 1969.
LOPEZ PIACENTINI, C. Breve histórica política y económica del Chaco. Casa García S.A. Resistencia, 1978.
Lynch Arribálzaga, E.: Informe sobre la Reducción de indios de Napalpí. Imprenta de la Policía. Bs. As, 1914.
MARIO, Vidal. Napalpi, la herida abierta. Ediciones La de la paz. 3 edición. Chaco, 2006.
MIRANDA, Guido. Tres ciclos chaqueños. Santa Fe, 1955.
Muello, A.: Geografía económica del Chaco y Formosa. Buenos Aires, 1926.
Policastro C. y Villordo M. ¿Matanzas o Prácticas Genocidas? Problematización en torno al accionar represivo del Estado Nacional: Napalpi (1924) y Rincón Bomba (1947). En: XIº Jornadas InterEscuelas / Dep.Historia - Tucumán, 19-22 Septiembre 2007.
Primera Guía Anual del Chaco. Editorial Moro. Resistencia, 1920.
SILVA, Mercedes. Memorias del Gran Chaco. 2ª. Parte. Editen. Resistencia. Chaco. 1998

INSTITUCIONES
INSTITUTO DEL ABORIGEN CHAQUEÑO
AREA DE EDUCACIÓN ABORIGEN, INTERCULTURAL Y BILINGÜE – Prov. Del Chaco-
BIBLIOTECA HERRERA
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL
BIBLIOTECA DEL MUSEO DEL HOMBRE CHAQUEÑO
MUSEO DE LA POLICIA DE LA PROVINCIA DEL CHACO
Dirección de Información Parlamentaria del Congreso de la Nación

ENTRESVISTAS A:
VIDAL MARIO, en el Museo del Hombre Chaqueño el 7/05/08
JUAN CHICO en el Museo del Hombre Chaqueño el 21/05/08
[1] SILVA, Mercedes. Memorias del Gran Chaco. E.I.M. Ediciones Nuestra Cultura. Resistencia. 1998. Pág. 121
[2] La cultura occidental reconoce a estos pueblos con los nombres de Moqoi, Toba y Vilelas respectivamente.
[3] “La Masacre ocurrió dentro de lo que hoy es La Matanza en el Lote 39 de la Colonia, el lugar de los muertos, esta en el lote 38....(El lugar preciso donde tuvo lugar la masacre es hoy un campo de propiedad del señor Ramón Verdán.) La actual localidad de Napalpi, a al vera de la ruta 16, no pertenece al ejido de Colonia Aborigen Chaco. Extraído de CHICO, Juan. Napalpí. La voz de la sangre. Pág. 11. (manuscrito inédito)
[4] MARIO, Vidal: “Napalpi, la herida abierta”, 2006: 28.
[5][5] Art. 1 del Proyecto de Ley (4004-D.-1993). En: CAMARA DE DIPUTADOS. Sesiones Ordinarias 1994. Orden del Día Nº 200.
[6] Expediente: 4132-D-1999. En: http://www.diputados.gov.ar
[7] Expediente: 4581-D-2004. En: http://www1.hcdn.gov.ar
[8] Art. 1 del Proyecto de Ley S-569/06. En: http://www.senado.gov.ar/web/proyectos/buspal.php
[9] Art. 1 del Proyecto de Ley S.-2.273/07. En: http://www.senado.gov.ar/web/proyectos/buspal.php
[10] Expediente Nº 2560/06 En: http://www.senado.gov.ar/web/proyectos/numexpe.php
[11] Art. 1 del Proyecto de Ley S-0050/08. En: http://www.senado.gov.ar/web/proyectos/buspal.php
[12] MENDEZ, Laura. Las efemérides en el aula. Novedades Educativas. Bs.As. 2005: 63
[13] Op. Cit. 2005: 65
[14] Ver en este CD: Sugerencias para el aula
[15] LOPEZ PIACENTINI. Historia de la provincia del Chaco. Tomo II- pag 89
[16] Mensaje Poder Ejecutivo (J. A. Roca - B. Victorica) al proyecto de ley sancionado.
1.470, D.S.C.S. 19/8/1884, pág. 374.EN: pág. 22
[17] La fonética del qom, no entendida por los hablantes de español, deformó muchos de los nombres originales. Es el caso de este cacique. Su dicción más aproximada sería “waneragai”.
[18] LOPEZ PIACENTINI, C: op. cit. pág. 111
[19] BECK, Hugo. Relaciones entre Blancos e Indios en los Territorios Nacionales de Chaco y Formosa. 1885-1950. Cuadernos de Geohistoria Regional N. 29. I.G.H.I.. Resistencia, Chaco. 1994. Pág. 102-103.
[20] Decreto del 24/07/1912. En: Dirección de Información Parlamentaria del Congreso de la Nación. Estudios e investigación Tratamiento de la Cuestión indígena. Serie estudios e investigación Nº 2 . Diciembre de 1991 p. 150
[21]SILVA, Mercedes. Memorias del Gran Chaco. E.I.M. Ediciones Nuestra Cultura. Resistencia. 1998.pág. 168.
[22] LYNCH ARRIBALZAGA, Enrique. Informe sobre la Reducción de Napalpí. Ministerio del Interior. Dirección General de Territorios Nacionales. Buenos Aires. 1914. pág.17. En: Archivo Histórico Provincial
[23] D.S.C.S. 6/5/1913, pág. 58.. En: Dirección de Información Parlamentaria del Congreso de la Nación. Estudios e investigación Tratamiento de la Cuestión indígena. Serie estudios e investigación Nº 2 . Diciembre de 1991 p. 208
[24] D.S.C.S. 10/5/1915, pág. 6.En: Dirección de Información Parlamentaria del Congreso de la Nación. Estudios e investigación Tratamiento de la Cuestión indígena. Serie estudios e investigación Nº 2 . Diciembre de 1991 p. 208
[25] D.S.C.S. 30/5/1916, pág. 16.En: Dirección de Información Parlamentaria del Congreso de la Nación. Estudios e investigación Tratamiento de la Cuestión indígena. Serie estudios e investigación Nº 2 . Diciembre de 1991 p. 208 - 209
[26] La Voz del Chaco, 16 de diciembre de 1919, p.1, En: VIYERRIO, Julio Cesar. Vida, pensamiento y obra de Enrique Lynch Arribálzaga. En: Nordeste, Segunda época. Historia 1. Serie Tesis. Universidad Nacional del Nordeste. Facultad de Humanidades. Resistencia. Chaco. 1999. Pág.117
[27] CARRERA, Nicolás Iñigo.
[28] Artículo escrito por el Prof. Eduardo Barreto
[29] Gobernador del Territorio Nacional del Chaco, designado por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 26 de junio de 1923 al 23 de junio de 1926
[30] Libro Copiador de la Secretaria de Gobierno 1924-1925. folio 25. Archivo Histórico Provincial .
[31] La Voz del Chaco. Resistencia. Año IX. N. 2588. Lunes 21 de julio de 1924. Pag. 1. El subrayado es nuestro.
[32] MARIO, Vidal. Napalpí. La herida sigue abierta.2ed. Librería La Paz. Resistencia. 2006. pág.29
[33] Romero, Francisco – ver texto completo en este CD: Materiales de consulta: Bibliografía-
[34] Los artículos de la Voz del Chaco pueden ser leídos en este CD: Materiales de Consultas – Diarios de la época. La edición especial del Heraldo del Norte (de 60 páginas) puede ser consultado en el Archivo Histórico Provincial, que por su estado de conservación no pueden ser digitalizadas y por tanto no se incluyeron en este CD.
[35] En: Archivo Histórico Provincial
[36] CONGRESO NACIONAL. CAMARA DE DIPUTADOS. Diario de Sesiones- Reunión N. 35 del 11 de Septiembre de 1924.pag. 420. Fotocopia de páginas 420 a 423 disponibles en: Biblioteca Herrera. Carpeta Chaco Aborígenes.
[37] Citado en SILVA, Mercedes. Memorias del Gran Chaco. Tomo II E.I.M. Ediciones Nuestra Cultura. Resistencia. 1998. Pág. 170.
[38] En: Archivo Histórico Provincial.
[39] En el escrito de Juan Chico a publicarse en julio de 2008, se encuentra el mayor número de testimonios orales recopilados sobre el tema hasta el momento.
[40] Testimonio recopilado por Chico, Juan en “Napalpi, la voz de la sangre”.
[41] SILVA, Mercedes. Memorias del Gran Chaco. Tomo II E.I.M. Ediciones Nuestra Cultura. Resistencia. 1998. Pág. 172.
[42] LOPEZ PIACENTINI, Carlos. Masacre indígena en el Chaco. La “Rebelión” de Napalpi de 1924. En: Diario Norte. Domingo 2 de Agosto de 1987.
[43] MENDOZA, Claudio. Fundamento del Proyecto de Ley (4004-D.-1993). En: CAMARA DE DIPUTADOS. Sesiones Ordinarias 1994. Orden del Día Nº 204. Pág. 807
[44] Relato recopilado y citado por Juan Chico.
[45] Citado en SILVA, Mercedes. Memorias del Gran Chaco. Tomo II E.I.M. Ediciones Nuestra Cultura. Resistencia. 1998. Pág. 172.
[46] Relato recopilado y citado por Juan Chico.
[47] MENDOZA, Claudio. Fundamento del Proyecto de Ley (4004-D.-1993). En: CAMARA DE DIPUTADOS. Sesiones Ordinarias 1994. Orden del Día Nº 204. Pág. 807
[48] Obra en impresión ya citada.