martes, 26 de julio de 2016

LA FIGURA DE EVITA

El 26 de julio de 1952, se apagaba la vida de María Eva Duarte, más conocida por Evita. Su vida junto al General Perón fue un acto de entrega permanente hacia los sectores más humildes de la patria profunda.
Los invisibilizados por la política y la economía oligárquica e imperialista, fueron reivindicados por esta mujer que fue condenada, humillada, vilipendiada por los representantes de los intereses extranjeros, asociados al capital nacional.
Fue ella quien motorizo a las organizaciones sindicales del Chaco a movilizar sus cuadros para presionar al Congreso Nacional a sancionar la ley que declare al Territorio de Chaco con el status de Provincia.
Al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento, el Área de Investigaciones Históricas del Museo de Hombre Chaqueño, evoca su figura y pone en valor sus virtudes, forjadoras de la unidad latinoamericana y la justicia social para sus pobladores.


martes, 19 de julio de 2016

MASACRE DE NAPALPÍ

Desde fines del siglo XIX, los grupos dominantes de la naciente República Argentina, comenzaron a ver con preocupación el problema del indígena. Es que para ampliar la frontera agropecuaria, era necesario que las tierras habitadas por los pueblos originarios,  desde hacía miles de años, fueran desocupadas.
En aquellas regiones donde no había necesidad de mano de obra barata, se los exterminó; en cambio en aquellos territorios donde el indígena era necesario, se implementaron campañas de escarmiento, no de exterminio.
No obstante esta estrategia militar, con fundamentos políticos y económicos entre 1884 y 1885, en el Territorio Nacional del Chaco la campaña militar del general Victorica sólo dejó secuelas de muerte, desolación y cambios en las formas de vida de los primitivos habitantes del Chacú.
Los que sobrevivieron debieron “conchabarse” en los obrajes que ya existían en las orillas del Río Paraná, donde las condiciones de vida fueron casi esclavas.
Cuando decayó el ciclo forestal, el algodón cubrió el espacio chaqueño, pero la situación laboral no varió esencialmente. Cuando los indígenas se trasladaban a otras provincias para la zafra de caña de azúcar o de algodón, donde recibían mejores pagos, los dueños de los campos de algodón y las grandes compañías algodoneras pusieron el grito en el cielo por la falta de brazos en la cosecha. Y para de evitar que los pueblos indígenas se trasladaran a otras provincias, se sancionó una ley que prohibía el traslado hacia ellas. Por esos años, y con el propósito de tener a los pueblos originarios “al alcance de las mano”, se crearon las Reducciones de Indios, donde se los reunía para los períodos de las cosechas.
Fue en 1924, cuando los pueblos originarios, acompañados de un grupo de trabajadores criollos, cruzaron sus brazos y comenzaron la primera huelga indígena del país, por mejores salarios y otras motivaciones laborales.
El gobierno del Territorio, ante el pedido de los dueños del algodón, acudió con  la policía de Territorios hasta Napalpí (en cercanías de Machagay), y utilizaron el lenguaje de las carabinas contra el pueblo indefenso.
El 19 de julio de ese año, Napalpí se tiñó de sangre. Se dispararon 5.000 balazos contra el pueblo indefenso, que sólo atinaba a cantar y bailar convocando a sus dioses protectores. Nadie  acudió al llamado angustioso, ni los chamanes pudieron  hacer nada con sus mensajes salvíficos.
Cerca de quinientos cuerpos yacían en el campo, horas después de aquella masacre. La policía no registró ni un solo herido. En tres días todo volvió a ser “normal”. Los latifundistas y las empresas monopólicas festejaban la matanza.
Este episodio, uno de los más cruentos de la historia indígena de la Argentina, ha quedado guardado en la conciencia colectiva de los pueblos y hoy, desde el Área de Investigaciones Históricas del Museo del Hombre Chaqueño, evocamos esta trágica fecha en memoria de los anónimos luchadores del surco, que ofrendaron su vida, buscando la dignidad y la justicia, contra la explotación  y la opresión a que eran sometidos

jueves, 14 de julio de 2016

LA INJUSTA MUERTE DE SACCO Y VANZETTI

El Área de Investigaciones Históricas del Museo del Hombre Chaqueño, evoca uno de los procesos más injustos  ocurridos en la historia contemporánea, cometido en Massachuset, EE.UU., contra los inmigrantes italianos Nicolás Sacco y Bartolomeo Vanzetti.
El 14 de julio de 1921, ambos fueron declarados culpables del asesinato de dos guardias de  la localidad de Charlestown,  que no habían cometido según las decenas de pruebas aportadas por los abogados defensores y por numerosos testigos.
Ambos italianos habían llegado a América, a principios del siglo en busca del “sueño americano”, y juntos militaban en las filas del anarquismo, donde ocupaban importantes cargos.
El juicio estuvo plagado de vicios legales desde el principio, y no obstante las disposiciones de las autoridades judiciales norteamericanas, que postergaron la sentencia, que consistía en la ejecución en la silla eléctrica, para reconsiderar el caso, en la fecha mencionada el fallo condenatorio fue ratificado.
Las palabras de los testigos que afirmaban que ambos militantes no se encontraban en el lugar del hecho en momentos de los crímenes, no valieron en el alegato de la defensa.
El 24 de agosto de 1927, el zapatero Sacco y el pescador Vanzetti fueron ejecutados en medio de la protesta mundial que condenaba esta injusta decisión.
Cincuenta años después el gobernador de Massachuset, Mitchell Dukakis, declaró a la prensa que Sacco y Vanzetti, habían sido condenados a muerte, no por las acusaciones de los crímenes de los que se los acusó, “sino que por ser anarquistas, constituían un peligro para la sociedad”.